El autismo y otros TEA (trastornos del espectro autista) se pueden observar en personas de todo el mundo y en todos los grupos raciales, étnicos y socioeconómicos. Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), los niños en los Estados Unidos que padecen un TEA son entre 1 de cada 100 y 1 de cada 300 (con un promedio de 1 de 150). Este trastorno ocurre cuatro veces más a menudo en varones (por lo general, el primogénito) que en mujeres, con uno de cada 94 varones diagnosticados con autismo u otro TEA. Sin embargo, las niñas con el trastorno presentan generalmente síntomas más graves y mayores deficiencias intelectuales.

Es de interés el hecho de que el número de personas que se diagnostican con autismo u otro TEA es mayor que nunca. Las estadísticas gubernamentales indican que la tasa de autismo está aumentando entre 10 y 17 por ciento cada año. De acuerdo con el CDC, de los aproximadamente cuatro millones de bebés que nacen cada año, 24,000 de ellos se les diagnosticará autismo.

 ¿A qué se debe este aumento alarmante? Podría ser que gran parte de este aumento se deba a definiciones más nuevas (y más amplias) de los TEA, además de esfuerzos más específicos de diagnóstico. Por ejemplo, un niño/a al que hoy en día se le diagnostica autismo, hace 20 o 30 años sólo se lo hubiera considerado “raro”. Pero también puede ser que haya un aumento verdadero en el número de personas con TEA. Muchos expertos creen que la explicación probablemente se encuentra en una combinación de estos factores.