El grado y severidad de las características son diferentes de persona a persona, pero usualmente incluye lo siguiente: atraso severo en el desarrollo del lenguaje. El leguaje se desarrolla de una forma lenta, si se desarrolla alguna vez. Si se desarrolla, usualmente incluye un patrón peculiar del habla en el uso de las palabras sin que tengan relación con su significado normal. Estos que son capaces de usar lenguaje efectivamente podrían seguir manteniéndose o hablando en forma y con voz monótona. Atraso severo en el entendimiento de relaciones sociales.

El niño autista comúnmente evita el contacto visual, se resiste a ser levantado (cargado), y parece que no esta conciente del mundo que esta a su alrededor. Esto lleva a la falta de cooperación al momento de jugar con sus compañeros, la imposibilidad de hacer amistades y la incapacidad de entender los sentimientos de los demás. El niño que tiene autismo parece en ocasiones que esta sordo y falla en el momento de responder con palabras u otros sonidos. En otras ocasiones, el mismo niño manifiesta incomodidad y estrés a sonidos comunes tales como la aspiradora que se usa en casa o perros ladrando. El niño podría manifestar insensibilidad a el dolor y ningún tipo de reacción o indiferencia a lo helado o caliente, o podría reaccionar en forma exagerada. Patrones desiguales de funcionamiento intelectual.

El individuo puede aprender actividades y habilidades de acuerdo con su funcionamiento normal – como dibujar, música, computación, en matemáticas, o la memorización de sucesos con poca o ninguna importancia. Y, en muchas de las ocasiones, la mayoría de personas con autismo tienen un grado variado de retraso mental, con solamente el 20% de inteligencia o más. Esta combinación de variación de inteligencia es lo que hace el autismo especialmente complejo. Restricciones marcadas de actividades e intereses.

Una persona que tiene autismo podría llevar a cabo una actividad corporal repetitiva, como sacudir las manos constantemente, doblándose, y moviéndose en círculos (girando), movimientos de atrás para adelante (meciéndose). También pueden manifestarse en la repetición de seguir la misma ruta, la misma forma o patrón para vestirse, o los mismos horarios todos los días etc. si cambios ocurren en estos patrones o rutinas, el niño o adulto se pondrían en un grado de estrés y ansiedad.