Las señales que nos alertan sobre un posible autismo aparecen muy pronto en la vida del niño:

Ausencia de Sonrisa

Ausencia de Balbuceo

Detención en la entrada en el lenguaje verbal y no verbal.

Tendencia al aislamiento.

Evitación de la mirada y del contacto con los otros.

Protección del ruído y de las palabras de los demás.

Ausencia de demandas.

Repetición de sílabas o palabras - Frases aisladas y fuera de contexto.

Repetición de fragmentos escuchados en algún lugar.

Ausencia de juego simbólico.

Aparición de la angustia en situaciones aparentemente normales y/o ante la presencia de los demás.

Dificultad en aceptar los cambios y el no.

Manipulación esteriotipada de los objetos normales y/o ante la presencia de los demás.

Dificultada en aceptar los cambios y el no.

 Manipulación estereotipada de los objetos y fijación exclusiva a algunos en concreto.

Estereotipias y rituales obsesivos.

Poca expresión del dolor.

Alteración del tono muscular.

Agresión a sí mismo y a otros.

La aparición de uno o de varios de estos rasgos no es determinante para concluir con un diagnóstico de Autismo o Síndrome de Asperger.

El diagnóstico debe ser hecho por un profesional del ámbito clínico para que puedan considerarse, además de la presencia de muchos de estos rasgos, otros elementos que dan cuenta en profundidad de la problemática amplia del autismo.

El mundo exterior es para el niño autista profundamente amenazante, sin que sea esto algo que tenga que coincidir necesariamente con la realidad. Como dice el psicoanalista Eric Laurent, el niño autista vive en un caparazón que, de entrada, le protege de la angustia. La cuestión es cómo ayudarle a salir de este caparazón sin que ello conlleve una profunda desestabilización y un malestar aún peor.

El psicoanálisis diagnostica no únicamente teniendo en cuenta las conductas del niño sino además y, sobre todo, considerando sus intentos y dificultad para situarse en el mundo, es decir con respecto a lo que le rodea y a los otros.