Sorpresa, inseguridad, impotencia, incomprensión de la situación, necesidad de información, pérdida de interés, desesperanza, culpa, odio, enfado, aflicción, sensación de ahogo, de vacío, de que nadie nos comprende, estrés, miedo, ansiedad, excitación, ganas de huir, incapacidad para escuchar, nerviosismo, falta de control, necesidad de “curar” a los hijos, de hacer todo lo posible para mejorar la situación, sentido de la responsabilidad, necesidad de encontrar un culpable, una razón, un por qué…

Los sentimientos son variados y complejos, propios de cada individuo y muy cambiantes. Es interesante pues que los escuchemos y atendamos para poder trabajar sobre ellos.

1. Fase de Shock: incredulidad, negación, confusión, inquietud, sentimientos de irrealidad, regresión e impotencia, estado de alarma, respiración suspirante, debilidad muscular, culpa, desesperación, desesperanza, llanto, trastornos del sueño, pérdida de apetito, fenómeno egocéntrico…
2. Fase de Conciencia de la pérdida: ansiedad, conflictos, expectativas emocionales impulsivas, estrés prolongado, añoranza, llanto, cólera, culpa, frustración, vergüenza, trastornos del sueño, irritabilidad, comportamiento de búsqueda, incredulidad, negación, tristeza….
3.
 Fase de Desorganización: aislamiento, desesperación, apoyo social disminuido, desamparo, impotencia, debilidad, fatiga, necesidad de sueño, depresión psicológica y del sistema inmunológico, trabajo del duelo.
4.
 Fase de Reorganización: punto de retorno, incremento de la energía, restauración del patrón del duelo y del sistema inmune, se cierra el círculo, esperanza, aceptación, capacidad de disfrute, se decide sobrevivir y se recupera el nivel de funcionamiento.
5.
 Fase de Renovación: aceptación de responsabilidades (entendiendo que aceptar no es sinónimo de resignarse), revitalización, estabilidad funcional, tiempo para el procesamiento del duelo, posibles reacciones de aniversario.

Otras situaciones que podemos encontrar:
a) Aplazamiento del duelo: Algunas personas presentan reacciones retardadas, emociones inhibidas o una interrupción del proceso. Esto sucede sobre todo en casos en que es necesario hacer frente a crisis recurrentes, hecho que sucede en el mundo del Autismo.
Puede deberse también a una necesidad psicológica y/o física de protección, relacionada con el grado de estrés que la persona puede tolerar, el grado de apego o de agotamiento. Este aplazamiento del duelo puede desencadenar en reacciones distorsionadas.

b) Duelo no resuelto: Se caracteriza por síntomas y reacciones de aflicción típicas de las fases tempranas y que continúan sin cambio cuando el duelo falla para resolverse. Como resultado, la persona permanece en un profundo y doloroso duelo como estilo de vida.
Algunas reacciones son mantenerse dependiente de la persona o idea “desaparecida”, mantener a los otros “a su servicio” y no tomar el control de su propia vida. También puede aparecer hiperactividad, somatizaciones, alteraciones en la relación familiar, aislamiento, agresividad, afectividad rígida, depresión, comportamiento de búsqueda persistente, negación…