El Autismo es un trastorno del desarrollo de origen neurobiológico que se manifiesta en los niños antes de los tres años de edad por alteraciones de la conducta, en el lenguaje y en el juego.

Uno de los aspectos más difíciles, tristes y complejos que tienen que enfrentar los padres de niños con Autismo es la opinión y/o el rechazo que produce en los demás las conductas inadecuadas o no deseadas de su hijo. La gente no entiende porqué ese niño patea, grita, le tira del pelo a las personas, tira las cosas, pellizca, o simplemente porque no se sienta a jugar “tranquilo como los demás niños”.

Cuando existe una discapacidad física y/o mental visible a simple vista, como la Parálisis cerebral infantil, síndrome de Down, etc., la gente tiende a solidarizarse y apoyar a la familia, por la que tiende a sentir lástima y compasión. Cuando estos niños muestran trastornos de conducta, es fácilmente entendido por lo demás como efecto de su condición primaria.

Esto no sucede así con los niños que tienen el síndrome de Autismo porque generalmente son niños con un desarrollo físico adecuado, bien parecidos incluso, donde no hay señales de ninguna discapacidad exterior.

Existe una situación que se da con relativa frecuencia en los familiares “mal informados” sobre la conducta del niño con Autismo: cuando el niño muestra algún indicio de “conducta inteligente”, de reaccionar adecuadamente en un momento determinado ante una situación de estrés para él, ésta conducta lejos de ser estimulada y considerada como un logro, es vista como una prueba más de la “capacidad oculta” o “inteligencia secreta” del niño y provoca en las personas reacciones, comentarios y actitudes adversas que en nada benefician , ni ayudan para que el niño pueda superar sus dificultades. Además, comentarios como: “El sabe mucho, por eso es que hay que pegarle!” o “el sabe muy bien lo que hace!” tienden a adjudicar malicia o intención perversa en una mentalidad lastimeramente afectada por una cruel discapacidad. 

La mayoría de las veces es muy difícil para las personas comprender esa conducta que luce sencillamente como un niño mal educado, mimado, consentido y sin reglas. Eso inevitablemente produce el rechazo no solo de los amigos, sino también de los parientes cercanos. 

Afortunadamente los que han convivido con un niño con Autismo y han podido apreciarlo en todas sus dimensiones, logran realizar el milagro de conocer la esencia de su ser, “aceptar al niño con su discapacidad”. Esta es la única manera de llegar a amarlo.

Así pues, el enfoque terapéutico familiar es una de las bases primordiales para ayudar a un niño autista a mejorar su comportamiento y a obtener conductas adaptadas que le permitan una mejor convivencia. Entrenar a todos los miembros de la familia nuclear y extensa -padres, hermanos, abuelos, tíos, primos y relacionados- en el manejo conductual del niño con Autismo es una de las principales tareas de este enfoque terapéutico. Así como también promover y motivar en las familias a informarse lo mejor posible sobre el síndrome de Autismo ya sea mediante la lectura de libros, revistas, folletos, películas, reuniones de padres, etc.

Conocer sobre esta dramática condición es indispensable si queremos ayudar a mejorar el comportamiento en personas con Autismo o simplemente, si convivimos con ese ser especial.